El libro de los carpinchos comienza con la vida que llevan las gallinas en la granja, la cual no es muy buena para todas, puesto que si no ponen huevos se las llevan. En esta granja solo residen gallinas y un perro. La llegada de los carpinchos no fue muy agradable para las gallinas y dejaron claras las normas que deberían de seguir si se quieren quedar en la granja.
Los más pequeños de ambas familias, tenían ganas de conocerse y se pusieron a jugar en el lago, hasta que la madre del pollito se dio cuenta y cada mamá se llevó a su cría.
Tanto el carpincho como el
pollito se llevaron muy bien y este último se escapó del gallinero para poder
ir a jugar con el carpincho. Esto no le gustó mucho al perro de la granja y se
abalanzo sobre él. Para el pollito, el carpincho era su lugar seguro al sentirse atacado por el perro; por lo
tanto, las gallinas cambiaron el concepto que tenían y vivieron juntos dentro
del gallinero hasta que la temporada de caza finalizó.
Esta temporada no fue muy buena y
no encontraban la razón de ello. Los carpinchos y las gallinas se ayudaron
mutuamente para que no fueran presas de los cazadores.
Bajo mi punto de vista, la
interpretación que se lleva a cabo en la obra se puede tener en cuenta en el
aula, para trabajar la llegada de nuevos compañeros al aula, las normas del
aula y ayudarnos unos compañeros a otros.
Lo destacable de la historia es
que se puede seguir la lectura sin tener en cuenta el texto, ya que nos dan más
información las imágenes. Para infantil lo veo adecuado, ya que a ellos les
llama la atención las ilustraciones y podemos contar el libro con la ayuda de
los niños, preguntándoselo que creen que va a suceder. Sin embargo, si la
maestra no da importancia a las imágenes, los niños no pueden seguir la lectura
ni entenderán el significado de la obra.
En cuanto al final, llegan unas
nuevas compañeras, las ovejas. Nos encontrábamos en pleno invierno y ni a las
gallinas ni a los carpinchos les gustaban las ovejas porque con la lana de su
cuerpo ocupaban mucho espacio y no seguían las reglas establecidas. De nuevo,
las criaturas más pequeñas, se acercaron a conocerlas. Todo estaba muy
tranquilo hasta que aparecieron las mamas de las crías y no consiguieron
llevárselos consigo, puesto que tenían mucho frío. Las gallinas y los
carpinchos se dieron cuenta que, aunque fueran diferentes a ellos, podrían
aportar cosas a la granja que les favorecían a todos.

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